VIAJAR SOLA

 

¿Alguna vez pensaste en viajar sol@?

 

Recuerdo la primera vez que lo hice: marzo de 2017 (más abajo te dejo una foto de ese viaje). Vivía drogada por las pastillas que tomaba por mi depresión. Estaba muy cansada de todo. Me había perdido a mí misma. No sé como tuve un momento de claridad y decidí irme a Puno por una semana, dejé de tomar las pastillas y emprendí este viaje de autodescubrimiento y sanación. Así lo llamo ahora, pero en ese momento era evidente que no tenía idea de lo que me esperaba y tampoco sabía si iba a ser capaz de llevarlo bien. Aún así, fue una de las mejores decisiones de mi vida porque a partir de ese momento comencé a conectar nuevamente conmigo y empecé a salir poquito a poquito de la oscuridad en la que viví por varios años.

 

Hoy te escribo esta cartita desde Vichayito, con un poco de garúa, viendo las olas del mar y la puesta de sol. Hoy te escribo desde lejos y en soledad, desde mi tercer viaje sola. Al inicio no iba ser así, pero las cosas cambian. Casi no vengo, casi me quedo en Lima. Hoy sé que quedarme hubiera sido un error, que desaprovechar esta oportunidad en medio de una pandemia hubiera sido una mala decisión. Claramente es un viaje diferente, no hay turismo, no hay nada que conocer. Solo estoy yo conmigo misma y nada más.

 

Estoy pensando mucho todo, pero también estoy tratando de soltarlo. Estoy haciendo mis ejercicios, practicando y mejorando en yoga, cantando fuerte en la playa mis canciones favoritas y también esas que la letra te hace llorar y preguntarte ¿por qué? Estoy dando caminatas, meditando frente al mar, escribiendo y trabajando un poco también. Quizá no era el viaje que tanto ansiaba al inicio, pero se ha transformado en uno de reflexión y sanación. Con esto no quiero decir que en dos días que vuelvo a Lima todo va a estar solucionado y mis heridas ya habrán sanado. No es así. Estoy viviendo un proceso y durará lo que tenga que durar. Y viviré cada una de las etapas que me toque vivir. Y agradeceré por todas.

 

Lo importante es que hoy me tengo a mí misma y soy capaz de disfrutar, en los buenos y en los malos momentos. He podido conocer personas hermosas a las que quizá no hubiera prestado tanta atención si hubiera venido acompañada. Conocer sus historias me abre los ojos y la mente, me hace ver que cada ser humano tiene su propio universo interior, que todos sentimos, que todos nos decepcionamos, pero que todos también tenemos la capacidad de ser resilientes y darle vuelta a las situaciones, aprender y fortalecernos. Y creo que eso es lo más lindo de viajar sola, que realmente nunca lo estás.

 

Laguna de Sillustani, Puno - Marzo de 2017

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